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Ciudades Feministas: Nuevo desafío globalista que amenaza la autonomía de las ciudades

  • Foto del escritor: Pablo Cristaldo
    Pablo Cristaldo
  • 20 nov
  • 2 Min. de lectura

En México se impulsa un Foro Internacional para construir "ciudades feministas" bajo una visión de planificación urbana con perspectiva de género, igualdad y cuidado, promovida por ONU-Habitat y apoyada por gobiernos y organismos multilaterales. Pero este nuevo enfoque estatal plantea interrogantes sobre la intervención burocrática en la libertad de los ciudadanos para habitar y organizar sus espacios.


Ciudades Feministas
La ONU declara en su página web: ''Las ciudades son el reflejo de la sociedad que las habita. Y hoy, México está viviendo un momento histórico para construir espacios más justos, seguros y equitativos para todas las personas.''

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El reciente Foro Internacional de Ciudades Feministas, organizado por ONU-Habitat en colaboración con el Gobierno de México y otras entidades internacionales, busca redefinir la planificación urbana incorporando una mirada feminista y de derechos humanos. Pretende crear ciudades que prioricen la vida cotidiana, el cuidado, la igualdad y la seguridad, destacando que los espacios actuales no satisfacen las necesidades específicas de mujeres y comunidades marginadas.


Este foro convoca a expertos, autoridades y organizaciones civiles para compartir experiencias, buenas prácticas y diseñar políticas públicas orientadas a crear entornos urbanos más equitativos y seguros. Se enfatiza la prevención de la violencia contra mujeres y niñas, la planificación urbana con perspectiva de género y la inclusión social, en un marco que conecta derechos humanos con el diseño y control del espacio público.


Esta iniciativa levanta alertas sobre la expansión de la intervención estatal y la regulación del espacio urbano. Si bien la protección de derechos y la igualdad son metas legítimas, el diseño centralizado y dirigido de las ciudades puede limitar la libertad individual y la espontaneidad del desarrollo urbano basado en la iniciativa privada y las decisiones libres de los ciudadanos.


El énfasis en "garantizar el derecho a habitar, moverse y desarrollarse libremente" puede tornarse un lema vacío si detrás se imponen regulaciones rígidas y políticas públicas que determinan cómo, dónde y con qué restricciones deben vivir las personas. La transformación social deseable debería surgir de la libertad de elección y competencia, no de mandatos y controles estatales.


Además, la financiación y auspicio del foro por entidades multilaterales y fundaciones internacionales reflejan una tendencia creciente a exportar modelos regulatorios urbanos que pueden no encajar en las realidades locales y que suelen aumentar cargas burocráticas y costos para el sector privado. La verdadera equidad y seguridad se logran más eficazmente con mercados libres y comunidades autoorganizadas, no con planificación impuesta desde arriba.


En resumen, las "ciudades feministas" representan una agenda globalista que promueve nobleza de fines, pero cuyo camino para llegar a ellos corre el riesgo de restringir libertades individuales, incrementar la intervención estatal y convertir la vida urbana en un modelo uniformado, sustraído a la diversidad y a la autonomía de sus habitantes.


Este debate pone en tensión, una vez más, la delgada línea entre el derecho a una ciudad justa y segura y el derecho fundamental a la libertad individual y al desarrollo espontáneo de las sociedades libres.


El verdadero desafío debería volcarse sobre cómo impulsar soluciones urbanas que preserven la libertad, la iniciativa privada y el respeto por la diversidad, frente a modelos centralizados y uniformizadores que pueden amenazarlas.


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