Enemigos públicos: burócratas gubernamentales como parásitos sociales
- Semanario Veritas
- 5 oct
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Actualizado: 7 oct
Desde Ludwig von Mises hasta Murray Rothbard, la crítica libertaria a la burocracia estatal ha puesto en evidencia sus incentivos perversos, su tendencia al crecimiento ilimitado y su efecto destructivo sobre la libertad. Este análisis histórico e intelectual, que abarca desde la teoría de Calhoun hasta la reforma del servicio civil en EE. UU., describe cómo la burocracia se ha convertido en un fin en sí misma y en un enemigo persistente del gobierno limitado.

La obra pionera de Ludwig von Mises, Burocracia (1944), marcó un antes y un después en el análisis económico del aparato estatal. Más tarde, la escuela de la elección pública, con James Buchanan y Gordon Tullock, desarrolló un enfoque sistemático sobre los incentivos de la burocracia gubernamental, contrastándolos con el mercado. Mientras en el mercado los consumidores “votan” con su dinero y premian o castigan a empresas, en el gobierno los ciudadanos son obligados a financiar “servicios” mediante impuestos, bajo la amenaza de sanciones y prisión en caso de evasión.
A diferencia del mercado, donde la retroalimentación proviene del consumidor, en el gobierno no existe una evaluación real de los servicios: son los mismos burócratas quienes proclaman su utilidad. Esta opacidad se refuerza con la “ignorancia racional” de los ciudadanos, incapaces de comprender siquiera una fracción de lo que hace el Estado. A ello se suma el financiamiento de intelectuales y propagandistas que justifican un gobierno más grande, como el caso de Anthony Fauci, quien administraba unos 7.000 millones de dólares en subvenciones anuales.
Otro rasgo estructural es el incentivo a la expansión: el prestigio y el poder de un burócrata se miden por la cantidad de subordinados que controla, lo que genera inflación de personal y sobrecarga burocrática. Además, el éxito en la administración pública no depende de resultados, sino del cumplimiento estricto de reglas, muchas veces absurdas, que se mantienen inalteradas durante décadas. En contraste, en el mercado las reglas ineficaces deben eliminarse para evitar pérdidas.
La lógica burocrática convierte el fracaso en éxito: si un programa no alcanza sus objetivos, recibe más presupuesto en lugar de menos. Así, la ineficiencia se premia con recursos adicionales, a diferencia de la disciplina del mercado competitivo. Un ejemplo histórico del poder de chantaje burocrático fue el “síndrome del Monumento a Washington” de 1969, cuando el Servicio de Parques cerró la atracción más popular de Washington D. C. para forzar un aumento presupuestario, una estrategia replicada en distintos niveles de gobierno.
Murray Rothbard, influido por John C. Calhoun, destacó el conflicto entre contribuyentes y “consumidores de impuestos”, siendo los burócratas el grupo privilegiado por excelencia. Calhoun advertía que estos últimos siempre justificarían poderes ilimitados del gobierno, y proponía que comunidades locales tuvieran poder de veto frente a gastos inconstitucionales. Rothbard también criticó duramente la “reforma del servicio civil” de 1883 (Ley Pendleton), que reemplazó el sistema de botín con la titularidad casi vitalicia de funcionarios, generando un crecimiento infinito de la burocracia y consolidando el “estado profundo”.
El libertario consideraba esa reforma como la medida más destructiva contra la libertad en EE. UU., más incluso que guerras o políticas económicas intervencionistas. Antes, presidentes como Andrew Jackson y John Tyler despedían a gran parte de la burocracia federal, manteniéndola en rotación y subordinada a la sociedad civil. Con la reforma, en cambio, surgió una élite tecnocrática asociada al proteccionismo, al crédito inflacionario, al imperialismo y a la guerra. Para Rothbard, la burocracia dejó de ser un instrumento del Estado para convertirse en su verdadero amo, perpetuando la expansión del poder gubernamental a expensas de la libertad individual.
Fuente: mises.org








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