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La COP30: El clima como herramienta de poder

  • Foto del escritor: Semanario Veritas
    Semanario Veritas
  • 16 nov
  • 2 Min. de lectura

La COP30, presentada como una cumbre decisiva para combatir el cambio climático, expone nuevamente la tensión entre la ciencia y el uso político de la agenda ambiental. El avance de organismos internacionales, regulaciones globales y compromisos impuestos a países en desarrollo constituye un proceso de concentración de poder que erosiona libertades económicas y decisiones soberanas.


COP30
Autoridades y representantes internacionales durante el anuncio de la Declaración de Belém en la COP30. Foto: Rafa Neddermeyer/COP30

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La expansión burocrática bajo el discurso ambiental. La cumbre climática se desarrolla en la Amazonía con negociaciones centradas en financiamiento, reducción de emisiones y transición energética. Sin embargo, las COP funcionan como estructuras de planificación centralizada, intentando dirigir desde arriba procesos tecnológicos que históricamente han surgido del mercado y la innovación privada. Los compromisos internacionales, cada vez más amplios, generan una red de organismos y fondos climáticos que responden más a intereses estatales y burocráticos que a soluciones concretas y eficientes.


Impacto sobre países en desarrollo. Las naciones pobres se encuentran en una posición especialmente vulnerable. Las exigencias de abandonar combustibles fósiles sin haber consolidado su infraestructura económica frenan el crecimiento y profundizan la dependencia externa. La verdadera justicia climática consiste en permitir el desarrollo económico, no imponer restricciones desde países ricos que ya completaron sus procesos de industrialización.


Mercado vs. regulación en la transición energética. El debate energético es otro punto crítico. Mientras los gobiernos promueven subsidios, límites y mandatos sobre las matrices energéticas, las transiciones históricas —del carbón al petróleo, del petróleo al gas y de este hacia fuentes más eficientes— fueron impulsadas por competencia e innovación privada, no por acuerdos internacionales ni por coerción regulatoria. La postura es clara: la mejor transición energética es la que surge del mercado, no de la imposición política.


Irán: una crisis hídrica usada como ejemplo. Fuera de Brasil, otro evento de la semana refuerza el análisis: la crisis hídrica extrema en Teherán. Informes internacionales advierten sobre una posible evacuación si no llueve en diciembre. Sin embargo, esta crisis no es consecuencia primaria del clima, sino de décadas de mala gestión estatal, monopolio gubernamental del agua, ausencia de derechos de propiedad y falta de incentivos para un uso eficiente. El caso iraní muestra cómo, según esta visión, algunos gobiernos utilizan la narrativa climática para ocultar fallas estructurales derivadas del estatismo.


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