La familia: el motor económico que el Estado no quiere ver
- hace 21 horas
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Mientras el Estado se presenta como el gran administrador de la economía, Paraguay sigue viviendo en gran parte de una tejido de familias que ahorran, invierten y arriesgan en proyectos propios, sin subsidios ni permisos oficiales. Conocer la economía familiar es, en esencia, descubrir dónde nace realmente la riqueza del país.

Las familias paraguayas son la columna vertebral de la economía nacional: más de 700.000 empresas familiares crearían alrededor del 65% de los bienes y servicios y generarían aproximadamente el 66% del empleo del país. Esto significa que buena parte de las decisiones económicas no se toman en ministerios ni en salas de juntas corporativas, sino en comidas caseras, en conversaciones entre padres, hijos y hermanos, donde se elige si se abre un negocio, se invierte en un terreno o se pone en marcha un pequeño emprendimiento. Esta realidad muestra que la familia es, en la práctica, el principal “agente económico” del país, aun cuando los discursos oficiales sigan centrando la atención en el Estado y en grandes grupos empresariales.
La Encuesta de Presupuestos Familiares 2025‑2026 está en marcha y busca medir con detalle cómo ingresan y gastan los hogares paraguayos, información clave para actualizar la canasta de valores del Índice de Precios al Consumidor y para diseñar políticas públicas. Estos datos revelan que la mayor parte de los ingresos familiares proviene del trabajo: alrededor del 85% del promedio de ingresos mensuales se obtiene de actividades laborales, lo que refleja que la economía familiar depende fundamentalmente de la capacidad de las personas para ejercer su fuerza de trabajo en el mercado libre. Esto recuerda que el verdadero “pacto social” no se firma en los despachos ministeriales, sino en el día a día en que cientos de miles de familias eligen emplearse, aprender y asociarse para generar ingresos.
A pesar de costos de vida relativamente bajos en comparación con otros países de la región, muchas familias siguen operando con un margen muy estrecho, destinando una parte importante de sus ingresos a alimentación, vivienda y servicios básicos. Guías de gasto señalan que el costo mensual estimado para una familia tipo de cuatro personas supera ampliamente la percepción de “país barato”, lo que implica que la mayoría vive ajustando presupuestos, priorizando gastos y buscando ingresos adicionales. En este contexto, la intervención estatal se suele presentar como “ayuda”, pero muchas veces se traduce en más impuestos, más regulaciones y más burocracia, lo que encarece productos y servicios en lugar de liberar el poder de decisión de las familias.
Debemos invertir la lógica: en lugar de que el Estado decida “qué necesita” la familia, deberían ser las familias las que elijan cómo gastar, ahorrar e invertir, con el mínimo de cargas tributarias y regulaciones. Esto implica apoyar la autonomía del hogar mediante impuestos justos, reducción de trabas para el comercio informal legalizado, protección sólida de la propiedad privada y acceso a sistemas de crédito y aseguramiento diseñados por el mercado, no por el aparato estatal. Paraguay ya vive, en la práctica, una economía familiar fuerte y resiliente; lo que falta es un marco institucional que reconozca que la verdadera riqueza del país nace en el seno de las familias, no en los salones de poder del Estado
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